viernes, 18 de abril de 2014

Encuentro 1 por Silvia Beltran

La entrada al aula es todo un despliegue de matices, de contrastes, de contradicciones, de anarquías silenciosas, de miradas, de posturas, de rechazos, del choque de pequeños mundos con el mundillo del docente que pretende “cambiar” una realidad que supera lo individual porque lo social recién se ha instalado  sigilosamente en el contexto inmediato del aula con obstáculos que se hacen visibles como objetos externos pero no como vivencia, no como experiencia pura; el solo hecho de lidiar con diversas situaciones críticas como por ejemplo un joven drogado y alcoholizado dentro de un ámbito de estudio nos hace- preguntarnos el por qué elegimos estar allí, qué nos llevó a presenciar una imagen tan triste de esa índole sin tener herramientas que nos ayuden a resolver un caso tan difícil en el que corren riesgo no solo el docente sino los alumnos que acompañan ese esquema. No son los prejuicios lo que construyen un vínculo entre alumno-docente sino la forma de dirigirnos al otro, ese otro siempre espera algo más, un plus que todavía no resurgió de la oscuridad del inconsciente  ni resurgirá sino hay una toma de conciencia en la enseñanza, más aún en la- sociedad que es la que traslada su nicho dentro del aula para el enseñante que es el punto de referencia del enseñado. Sin embargo, esta relación a simbiótica que se establece entre ambos actores nos plantea las siguientes situaciones o problemáticas que aun no tienen carácter de experiencia:   
*El alumno pasivo que solo copia y no responde a lo que el docente pregunta, no- es falta de voluntad del docente sino que el alumno actual es como un autista que solo mira pero no ve lo que pasa o sucede a su alrededor, solo está atento a su- mundo. Este mundo puede estar vinculado a las drogas, a la delincuencia, a la violencia familiar, al abuso y así a infinidad de situaciones o problemáticas que no son de su incumbencia pero que está obligado a padecer por el contexto en el que vive. Es por eso que el vínculo con el docente se ve desdibujado, poco claro, ellos saben que para poder “igualarse” o “alinearse” a la sociedad deben terminar una secundaria pero eso no les garantiza que estén dentro del sistema laboral más- aun, buscan en el narcotráfico un trabajo fácil y rentable, comienzan consumiendo, luego venden la misma, y así hacen carrera; una carrera que es corta porque cuando quieren “safarse” como dicen ellos…la muerte golpea sus puertas, y aunque la cierren los jefes la derriban y la oscuridad se apropia de todo. Incluso hasta de su familia.
* El docente de este siglo no tiene perspectivas de futuro pues los contextos en los que enseña son cada vez más paupérrimos y violentos. Se siente imposibilitado- de dar su materia porque se da cuenta que los alumnos vienen con envase de adultos, es decir, hablan a un profesor como si fuera una cosa y no un ser humano. Lo mismo ocurre en los contextos de mayor poder adquisitivo, ya que, dichos alumnos tratan al profesor como a un cliente. Con esta alusión no quiero-  generalizar pero es lo que está sucediendo cada vez más aunque muchos no quieran admitirlo. De todas formas, el docente sobrevive cuando otro docente decide trabajar en conjunto para lograr algún cambio, entonces se logra “revertir” esa abulia que no es fácil erradicar de ambas partes. Pues ambos actores dejan entrever el descontento de no poder crear un vínculo que los ayude a tender un puente en lo que respecta al aprendizaje de contenidos.

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