sábado, 19 de abril de 2014

Encuentro 1 por Gabriela Coronel

Trabajo en escuelas secundarias y cada año al comenzar el ciclo lectivo suelo usar una “estrategia de presentación” tanto personal como académica. En la personal, les cuento a mis alumnos, un poco de “mi historia de vida”, a modo de ejemplo para que luego, por medio de una carta escrita, mis alumnos me cuenten la suya. La idea es conocernos y reconocernos como personas, con nuestras debilidades y fortalezas, reconociendo nuestros defectos y virtudes. Más allá de su historia familiar, deben incluir en ella sus sueños, proyectos e ilusiones. A partir de esta actividad, todos los años me llama la atención “algún caso”; este año es el de Sebastián,  quien cursa el último año.
Sebastián comenzó su carta de presentación en forma correcta: identificó fecha, lugar, saludo formal, etc…buen encabezamiento. Primer detalle: caligrafía muy pequeña, casi, casi ilegible, birome color negro y con algunas enmiendas. Avanzaba rápidamente en su desarrollo con cuestiones filosóficas sobre la vida y la muerte, mencionando un par de “anécdotas” que me resultaron preocupantes. La finalizó afirmando que todos tenemos una misión en la vida, un rol que cumplir…y que el suyo era crear una nueva sociedad y que para eso debía terminar con el mundo …matar a cada una de las personas…y que él comenzaría con su hermano .   
La carta fue entregada y leída un día lunes. El martes a primera hora hablé con la Directora; ella me informó  que el año anterior Sebastián había pretendido ahorcar a un compañero, que golpeó a otros, agravió verbalmente a unas chicas y golpeó de tal manera a su hermano( en su casa) que le provocó un desmayo y que estuvo con apoyo psicológico.
Luego de la lectura de la carta, citaría de manera urgente a su madre y le aconsejaría que su hijo iniciara un nuevo tratamiento psicológico.
El lunes siguiente Sebastián me espero en el pasillo y antes de que ingresáramos al salón me dijo: “Profesora Ud.no tiene palabra, me defruadó…me dijo que la carta era confidencial y me buchoneó con la Dire…no se lo voy a perdonar… no espere nada de mí.” Yo lo miraba desde abajo (creo que me temblaban hasta las manos),trate de sostenerme firme, él estaba enojadísimo, lo podía sentir y él bien me lo demostraba…Respiré hondo y le respondí:(poniendo seguridad en mi tono y voz) “Yo no quise ni quiero defraudarte Sebastián, no me juzgues tan rápido, tenemos todo un año por delante y nos estamos conociendo…Vos te acordás todo lo que escribiste en la carta? . No está bien como pensás por eso me preocupé y se lo comenté a la Directora pero lo que pasa es que, ni ella ni yo tenemos las herramientas para ayudarte. Por eso pensamos que la única manera de hacerte bien es pedirte que vayas a un psicológo…Sebastián vos necesitas ayuda y yo solamente soy profe de Literatura…
Fue una situación muy fea nunca antes me había pasado vivir un momento tan tenso…tan enojado estaba este muchacho conmigo que yo no sabía cómo reaccionaría…
Pasaron cuatro semanas de aquella escena…Sebastián ya no está tan enojado, algunas veces me saluda mejor que otras, de a poco mejora su letra, su prolijidad (subraya con regla y con color) entrega la tarea del día, me contó que gusta de una compañera y me pidió que no se lo diga a nadie hasta de vez en cuando se sonríe por algún comentario mío…mientras tanto yo…mientras tanto yo continúo con miedo. Con miedo a sus reacciones…pero él no lo sabe.  

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