viernes, 18 de abril de 2014

Encuentro 1 por Andrea Gagliardi

Historia de Romina:
Romina es una niña boliviana de 11 años.
Cursa el 4° año en una escuela pública del Gran Bs. As.
A fin del año pasado y principio de este año concurre  al “período de compensación”  en las cuatro áreas curriculares. Se acerca a la biblioteca del barrio para prepararse.
Expresa sentirse sola en el aula y que los compañeros la llaman “Haití”.
En los recreos busca la compañía de otra niña boliviana a quien conoce de las fiestas de la Virgen de Copacabana.
Vive con su padre que trabaja en un taller de costura y con sus hermanos menores. Los fines de semana ayuda a una tía en un puesto de comidas de la estación Once.
El viaje desde Bolivia se desencadena con la muerte de su madre. Para entonces la familia extensa ya estaba en Argentina. Su padre decide venir, animado por el sostén familiar con el que podía contar acá.
Romina se queda con una tía cuando su madre muere, pero al poco tiempo la tía también viaja.
Al preguntarle cómo llegó ella a Buenos Aires, no lo recuerda bien, relata que la trajo una familia con la que vivió un tiempo hasta que se reencontró con el padre.
No volvió a Bolivia desde que vino aquí ni mantiene contacto con personas de allá.
Recuerda a una viejita que era como una abuela postiza, pero piensa que estaba enferma y que tal vez ya haya muerto.
“Ella hablaba quechua, con ella viví,  aprendí muchas cosas, a cuidar ovejas, a plantar papas y habas”.
Intenta armar en una línea, el mapa de su experiencia: que empezó en una escuela de Potosí donde hizo jardín, después primero y después en La Paz otra vez jardín, que en Buenos Aires la anotaron en segundo pero enseguida la pasaron a primero, que  estuvo en la 35, en la 48, en la 3 y ahora en la 4.
El padre le está diciendo que se apure,  que cuando termine la primaria va a volver a Bolivia, porque no quiere que se eche a perder con la droga que hay acá.
Esto posiblemente implique una migración en etapas como fue la llegada a Buenos Aires pero al revés.
“Primero vamos nosotros, después él”.  


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